Por ADRIÀ ROIG

En 1985 Renfe creó uno de los servicios que más viajeros ha movido a lo largo de su historia, los trenes denominados “Estrella”. Con la intención de ser accesibles a cualquier tipo de público, estos trenes tenían varias clases con distintos precios, según el confort y la comodidad que tuvieran. Los viajeros contaban desde las clases más económicas, como la antigua 2ª denominada ahora Turista, hasta las más lujosas, como la Gran Clase o Camas, e incluso disponían del transporte de sus automóviles. En definitiva, si algo no se puede negar es que, por lo general, el servicio era excelente.

No obstante cabe decir que la calidad de estos servicios fue tan buena como fugaz, y es que los trenes Estrella, con las prestaciones que originalmente tenían, duraron poco. A principios de los 90 el declive de dichos servicios fue importante puesto que empezaba una decadencia que aún a día de hoy es más que evidente. Progresivamente se han suprimido casi todos los servicios, quedando algunas relaciones sin tren nocturno alguno y otras siendo sustituidas por trenes de tipo TrenHotel, con la correspondiente subida de precios que acarrea para el pasajero debido a su escasa oferta de plazas asequibles.

Es cierto que los tiempos cambian y que no es viable mantener los mismos servicios con las mismas prestaciones durante décadas, pero quizás la adaptación  del ferrocarril a los nuevos tiempos que ha experimentado la operadora haya sido demasiado radical.

Actualmente, de ese periodo en el que el Estrella Picasso empezó a circular, bien poco queda. Tan sólo sobrevive un Estrella: el Costa Brava, que une Madrid con Barcelona algunas noches, el cual también es un vestigio de lo que él mismo fue. El resto de relaciones han corrido la misma suerte o peor, y es que el cambio del público al que esos trenes iban dirigidos supuso una pérdida importante de viajeros, así como la de beneficios que se conseguían.