En un programa de Salvados del mes de abril en el que el periodista Jordi Évole entrevistó al presidente en funciones Mariano Rajoy se escuchó la siguiente frase: “- Tenemos buenos trenes y autopistas. – Pero vacíos… -Sí, vacíos, pero los tenemos.” Después de ver la contundencia con la que Rajoy sentencia el tema, “pero los tenemos”, uno se queda atónito entre la carcajada y la rabia. Por lo visto, para el gobierno, la cuestión es tenerlos. Da igual si no va nadie. Vamos segundos en el ranking de países con más kilómetros de alta velocidad que es lo que cuenta.

Nuestra desgracia -y decimos nuestra porque todos contribuimos a pagar ese despilfarro- es lo acertado del adjetivo que puntualiza el señor Rajoy: “vacíos”. La fiebre de la alta velocidad está vaciando las arcas públicas; y hace tiempo que no atravesamos un momento como para malgastar fondos. No es posible dedicar tantos esfuerzos a una infraestructura que tantos y tantos miles de viajeros querrían utilizar cada mañana a bordo de los trenes de cercanías y de regionales. Es en estos servicios donde reside la verdadera demanda y la necesidad de invertir el dinero público: en modernizar los sistemas de señalización, cuadruplicar accesos a las grandes ciudades, perforar nuevos túneles que descongestionen el tráfico. ¿Seguimos?

Seamos críticos con una de las cosas por la cual los políticos pretenden que nos colguemos una medalla: ¿qué sentido tiene llevar la alta velocidad a todas las capitales de provincia? ¿Es necesario? Y lo más importante: ¿sale a cuenta? Podríamos admitir que el transporte, por ser un servicio público, no tenga que ser rentable -de igual forma que no lo es la sanidad o la educación pero son vitales para la sociedad-. Bien, admitamos ese aspecto. Pero aún así el Ministerio de Fomento de todos los gobiernos que han trabajado con la alta velocidad ha demostrado no tener ningún criterio para su funcionalidad. Ninguno. ¿Cómo se explica, si no, que Barcelona y Valencia, segunda y tercera ciudad más poblada de España, con enromes vínculos comerciales y económicos entre sí, no estén conectadas por vías de 1435 milímetros a fecha de 2016? ¿Cómo es posible que haya habido antes un tren AVE a Huesca, a León o a Palencia?

Tenemos líneas de alta velocidad a cualquier parte menos donde son realmente necesarias; mal trazadas; y sin viajeros. Pero las tenemos.

Equipo News HBF