El patrimonio ferroviario español se ha caracterizado siempre por tener un lamentable déficit de atención. No por su parte sino por parte de quiénes lo rodeamos. Es una verdadera pena no disponer de piezas históricas restauradas, capaces de moverse por sus propios medios y, lo más importante, la voluntad de organizar viajes en los que luzcan todo su esplendor.

A pesar de este sórdido panorama, lo cierto es que parece que poco a poco va cambiando a mejor. En los últimos meses han aparecido viejas composiciones en las vías españolas que han captado la atención no sólo de ferroviarios y aficionados sino también la de personas sin vínculos a este mundo. Ejemplo de ello son la UT440.096 en esquema azul y amarillo, que surca el Guadarrama entre Madrid y Segovia; el Tren Azul de la AZAFT, que puntualmente realiza viajes por cualquier punto de España; y, por último, el Talgo III RD, resucitado recientemente por iniciativa de Renfe Operadora y de la propia Talgo.

Sobre el Talgo III RD hay que decir que el motivo de su restauración y vuelta a las vías ha sido motivada por fines comerciales. Quizá no suena tan bien como aquellos trenes que han sido devueltos a la vida por amor al arte aunque ambas causas han terminado recuperando una parte de nuestro patrimonio ferroviario. Y bienvenido sea. El tiempo dirá si esta iniciativa saldrá rentable y quién sabe si en un futuro pueden utilizarse los trenes turísticos como excusa para no echar a perder los trenes ahora históricos que antaño supusieron otro eslabón más de la evolución de nuestro ferrocarril. Confiemos en que así sea y podamos disfrutar, por ejemplo, del más que abandonado Platanito -que por no tener, no tiene ni acceso a la vía general de Castejón-.

The News Hauptbahnhof team